ASOCIACIÓN DE REHALAS REGIONALES ESPAÑOLA CAZA Y LIBERTAD

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RATAS

FELIPE VEGUE CONTRERAS. Brumas del Duero

Leo en la prensa, París quiere acabar con su plaga de ratas y miles de parisinos se oponen al considerarlo un "genocidio".

No me digan que este titular no invita a su lectura y meditación. La humanidad siempre ha considerado a los roedores sus enemigos irreconciliables, culpables de pestes y hambrunas y de todos ellos, las ratas el enemigo número uno, destructor de cosechas y haciendas, portador de virus y culpable de plagas, con sus excrementos contaminan y estropean más de lo que consumen y por si esto no fuera una buena motivación para su control poblacional, ahora aparecen miles de defensores con conceptos teológicos y doctrinales imponiendo un ideario progresista que pocos podemos comprender. 

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La Asociación de Rehalas Regionales Españolas (ARRECAL) ha registrado la solicitud para formar parte del Consejo de Participación Ciudadana de la Comunidad Valenciana. 

Esta Consejo, regulado por el decreto 190/2016, de 16 de diciembre, del Consell, se configura como un órgano consultivo de Gobierno valenciano y como espacio de debate en materia de participación cívica. Entre sus finalidades destacan propiciar el reconocimiento y la visibilidad de los movimientos asociativos más relevantes; impulsar el encuentro entre la administración de la Generalitat, la sociedad civil y la ciudadanía; propiciar la convergencia de organismos que agrupen diversas fórmulas participativas y el cauce de iniciativas y experiencias; favorecer la democracia deliberativa y participativa; y mejorar la transparencia y el gobierno abierto.

ARRECAL considera que en este escenario es imprescindible que el sector de la rehala también esté representado en este Consejo, para desde ahí poder trasladar las inquietudes y opiniones del sector ante cualquier normativa que pueda afectarle.

Por otra parte, ARRECAL quiere agradecer el apoyo de Salvador Zapata, de los gossers de Castelló, por su inestimable ayuda y por ofrecer su aval como asociación comprometida en la defensa y la difusión de la rehala.

 

 
La Oficina Nacional de la Caza, la Conservación y el Desarrollo Rural (ONC) lamenta que SEO Birdlife haya dado un paso más en su campaña anticaza con el lanzamiento de una encuesta de nulo rigor y sin ese carácter científico del que suele presumir esa entidad. Así, SEO ha perdido una gran oportunidad para abrir un debate real sobre la caza en España. Por el contrario, la encuesta que ha lanzado a través de su web se basa en cuestionar si la caza es compatible con la conservación, un debate que en 2016 debería estar superado una vez que entidades como la Comisión Europea y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ya se han pronunciado a favor de la caza como herramienta de conservación. 
 
SEO ha anunciado a bombo y platillo la apertura de lo que denominan “proceso participativo”. Una suerte de encuesta breve, con preguntas capciosas, cargada de apriorismos y que trata de auto legitimar su cuestionable labor en España. Y es que el sondeo está cargado de demagogia simplista. Tanto que en esa misma línea se podría incluir una pregunta sobre si es razonable seguir dando ayudas millonarias a las entidades autodenominadas animalistas mientras millones de personas pasan hambre en el mundo. Simple y pura demagogia. 

Ciertamente, la forma en la que están planteadas la mayoría de las preguntas, como el enorme peso que se le da un informe supuestamente científico de SEO y a sus conclusiones anticaza, configuran una encuesta sin las mínimas bases estadísticas ni técnicas, aparentemente conducida hacia unos resultados  concretos y que, una vez más, busca el enfrentamiento entre sectores. Es por ello que su resultado no tendrá ninguna relevancia más allá de justificar la postura anticaza que viene manteniendo SEO en los  últimos años.  

Esa postura, apoyada en una falta de rigor disfrazada de pseudociencia, no es algo nuevo. Ya en 2015 se destapó el conocido como ‘silvestrazo’, un estudio crítico con esta actividad por el que SEO cobró 60.000 euros de fondos públicos y cuya falsedad fue demostrada por dos profesores de la Universidad de Málaga.

Para la Oficina Nacional de la Caza se trata simplemente de un paso más en la radicalización anticaza de una entidad que –no lo podemos olvidar- fue fundada por cazadores. Pero para conocer el campo hay que estar en el campo, y es muy difícil hablar con propiedad de la caza y del mundo rural desde entornos urbanitas, que es donde ahora se mueve SEO. 

La caza es una actividad que a día de hoy es más necesaria que nunca para, entre otras cosas, gestionar adecuadamente poblaciones silvestres, ya que vemos problemas en entornos urbanos con especies como el jabalí, el lobo y el meloncillo a los que las entidades ecologistas no ofrecen soluciones viables y realistas. La caza es actualmente una herramienta de gestión insustituible e imprescindible para garantizar el equilibrio de los ecosistemas y la adecuada conservación de nuestro medio. Un ejemplo claro es la recuperación del lince ibérico, un proyecto al que se han destinado en España cantidades millonarias y que únicamente ha funcionado allí donde se ha implicado la gestión cinegética y los cotos de caza. 

La ONC está dispuesta a participar en un debate plural, abierto, real y realista sobre el sector cinegético cuando sea necesario, algo que, desde luego, no se produce en este caso. Por todo ello la ONC reclama la apertura de un debate sobre el papel de la caza en España que busque sumar y no dividir, que busque el consenso en lugar del enfrentamiento y la imposición. Un debate, en suma, muy alejado de procesos participativos manipulados cuyo resultado es más que previsible antes incluso de que se inicie.

Parece mentira

Que nuestra bien amada Junta de Andalucía maneje, para el próximo 2017, un presupuesto cercano a los 30.000 millones de euros (o más exactamente, 29.477), y no sea capaz de dedicar a la Caza nada más que un porcentaje irrisorio, clama al cielo.

Claro, esto se explica por el hecho de que los Cazadores (y Cazadoras, se me olvidaba) no somos gente muy a tener en cuenta. Bueno, que se creen ellos que no lo somos (¡ay, que sorpresa se llevarán!).

Que no haya presupuesto para que la guardería controle las juntas de carnes de las monterías (sí para que haya tres guardas por lince soltado); que el presupuesto íntegro de gasoil se destine a dar por saco al propietario, titular o gestor, en vez de ayudarle en su ingrata tarea; que hagan falta imnumerables informes para mover un papel en esa bendita Consejería de Medioambiente, no es digno de una Comunidad autónoma, como la nuestra, con un enorme potencial cinegético y turístico en temas de Caza.

Es llegar el viernes por la tarde y nuestros campos se limpian de los coches blancos con anagrama verde. ¡Con la inmensa labor que podría ejercer la Guardería en nuestras Monterías!, controlando las juntas de carne y fiscalizando las capturas efectuadas. Así acabaríamos con ciertos orgánicos desaprensivos que tanto daño hacen a nuestro mundo.

Pero es mucho más fácil (y barato) que sólo se dediquen a labores administrativas, a hacer informes vacíos de contenido, a acompañar al político de turno a soltar mochuelos y, eso sí, a vigilar a los linces, no vaya a ser que se pierdan y Europa corte el grifo.

¡Ay!

Francisco Beltrán

Artículo publicado en ABC

Sensaciones de un agarre

Artículo de Rubén Duro Izquierdo

Antes de comenzar a escribir estas líneas, creo que es mi deber presentarme ante el lector que desee pasar un rato entretenido leyendo mis humildes palabras. 

Me llamo Rubén y nací en la provincia de Soria hace veinte años. Muchos me considerarán demasiado joven para tener la experiencia necesaria para escribir sobre este apasionante mundo sobre el que gira una gran parte de mi vida, el mundo de la caza mayor, pero yo considero que ya tengo una extensa trayectoria en estos derroteros para poder, al menos, intentar transmitir lo que representa para mi esta afición, lo cual no significa que no me queden todavía miles de cosas que aprender para llegar a ser un buen cazador.

Siempre he estado rodeado del mundo cinegético, mi padre a la vez que mis abuelos y mis bisabuelos han sido siempre cazadores, por lo que como se suele decir “la afición me viene de cuna”. Desde que nací siempre he estado rodeado de animales, trofeos, escopetas, campo… los cuales siempre despertaban en mi un gran interés, pero hay un elemento imprescindible en casi cualquier modalidad de caza que nunca debe faltar, aquel que nunca te falla, que es tu compañero fiel, y que crea en mi un sentimiento de orgullo y respeto, el perro.

Mi padre siempre ha tenido rehala, una rehala de las de antes, compuesta por una veintena de perros atravesados, perros incansables, valientes, con un buen olfato y una buena vista que combinan con una dicha que hacen estremecer el corazón de cualquier montero que se haga llamar como tal, la sensación de verlos correr detrás de un gran venado o un viejo y astuto jabalí no tiene  precio para mí y no la cambio por nada del mundo. 

Pero hoy no he decidido escribir sobre mis perros, he decidido escribir sobre uno de los momentos por los que a uno se le mete en la sangre el veneno de la caza, y este momento es el agarre.

Para los que no están puestos en el tema, un agarre es el momento en el que la pieza a cazar es acorralada por los perros, que la inmovilizan para que así se pueda realizar el remate a cuchillo. Es un momento emocionante que descarga un torrente de sensaciones en tu cuerpo que para alguien que no lo haya vivido, son muy difíciles de explicar pero voy a proceder a intentarlo para aquellos que todavía no han tenido la gran suerte de presenciar uno.

Cada agarre es un mundo, y que yo sepa, no hay dos iguales, sin embargo, todos comparten una serie de características que se repiten en la mayoría de los casos.

Durante el transcurso de la jornada cinegética, que ha sido mejor o peor, más corta o más larga, más dura o más suave, un escalofrío te recorre todo el cuerpo y lo notas otra vez, es otra vez esa sensación, esa sensación que te hace recorrer cientos de kilómetros para ir a cazar, esa sensación que hace que te levantes a horas que para el resto de los mortales son impensables, que te hace soportar largas jornadas de un frio helador o de un calor asfixiante, esa sensación que la mayoría no llega a experimentar nunca pero a mi hace que se me erice el pelo y me lata el corazón a mil por hora... un jabalí se encuentra cerca. No sabes por qué, pero lo sabes, se nota en el ambiente.

Es una sensación difícil de explicar, notas a los perros mucho mas alterados de lo normal y sabes que les ocurre lo mismo que a ti, ellos también notan la cercanía de un macareno, buscan incansables por todos los rincones imaginables y de repente sucede lo que llevas esperando durante apenas cinco minutos pero que a ti te parece una eternidad, escuchas a uno de tus perros comenzar a ladrar, es un ladrido distinto al resto que solo la experiencia te permite diferenciar de otros, y se produce un silencio de apenas un segundo en el que todos, perreros y perros intentamos averiguar la procedencia del mismo.

Cuando ya que por fin hemos logrado encontrar al señor de nuestros montes, el jabalí, todos los canes se dirigen hacia aquel ladrido que les indica que el animal se encuentra en aquella posición, tú los animas emocionado con tus voces, durante todo aquel jaleo de gritos, carreras y adrenalina los ladridos cambian de tono e intensidad, lo que se conoce por los entendidos como “ladrar a parao” y lo oyes, oyes gruñir al ansiado jabalí.

En ese momento te dan igual los kilómetros, los madrugones, el frío, el calor y si llevas dos horas de ojeo o doce, corres como alma que lleva el diablo entre chaparras y estepas hasta llegar al auxilio de tus perros. Tras una fatigante carrera llegas a aquel lugar y ves al animal defendiendo su vida con todas sus fuerzas contra la jauría de perros que, al igual que sus padres y sus abuelos en el pasado, se enfrentan con valentía contra el temido y admirado macareno.

Es una pelea de igual a igual en la que cualquiera de las dos partes puede salir muy mal parado, pero esta vez los perros han ganado y tienen al guarro firmemente sujeto, te acercas sigiloso por detrás, cuchillo en mano, y con cuidado le propinas una certera puñalada en el corazón que hace que el animal pierda rápidamente la vida. Hay que intentar siempre hacerlo de la forma menos dolorosa posible para él, por el respeto que este se merece y que se ha ganado con bravura. 

Notas cómo sus fuerzas se apagan y tan rápido como empezó todo aquel trajín se acaba, retiras a los perros con cuidado a la voz de “muerto, muerto”, compruebas las caras de satisfacción de los canes que ven su trabajo recompensado, los acaricias y compruebas que afortunadamente ninguno tiene heridas graves que un poco de Betadine no pueda curar. Tras indicar el lugar con una cinta roja o arrastrar al animal hasta algún camino cercano para poder aprovechar su carne te vuelves a poner en mano con los compañeros que te han estado esperando y prosigues tu camino, con una cara de tonto que no te la quita nadie mientras revives los momentos vividos y a la vez piensas en la próxima vez en la que podrás presenciar otra vez el ansiado momento en el que tus canes consigan agarrar otro esquivo y admirado jabalí.

 

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