Una vez conocidos los resultados de las elecciones europeas, encuentro al menos un punto positivo y de esperanza en la caída de los verdes. Y es un hecho que ya no tienen ni los votos ni tantas simpatías como estaban acostumbrados, perdiendo un tercio de sus eurodiputados.
La terrible guerra de Ucrania en territorio europeo ha cambiado muchas tendencias y puntos de vista que utilizaba el ecologismo para medrar y obtener réditos, como la percepción del estado del bienestar que utilizaban en contra de los propios intereses de los habitantes de la UE. En el momento en que nos falta una sola materia prima, este estado se puede ir al guano y causar gravísimas consecuencias en la calidad de vida de los europeos. De igual forma, obliga a cambiar el discurso de estas organizaciones sobre el excesivo uso de materias primas como principal motivo del calentamiento global.
Los partidos eco-verdes se han nutrido gracias al chantaje del clima y, apoyados por dinero público, han medrado en el Parlamento Europeo con excesiva impunidad, intoxicando a los jóvenes poniéndolos de su lado en la protesta contra el cambio climático. Actualmente, los verdes o cambian a un nuevo discurso apocalíptico más imaginativo que les ofrezca resultados como la utopía del cambio climático, o seguirán perdiendo apoyos.
Una cosa es predicar y otra dar trigo. En este caso, que falten todo tipo de materias bloqueadas por sus importaciones cambia la percepción necesaria que para el bienestar tenían los ciudadanos, lo que ha abierto el ojo a muchos, precisamente a la clase con la que se nutrían estos partidos verdes.
Ante el cambio de rumbo, muchos se han vuelto escépticos y no terminan de ver con buenos ojos a estos nuevos gurús del clima. También ocurre, por ejemplo, con la ultraizquierda y el socialismo, con su nefasta campaña hostil contra la mitad de los ciudadanos europeos, considerados reaccionarios y fascistas por votar a partidos conservadores.
A los cazadores hace mucho que nos catalogaron como el enemigo a batir, y hemos aprendido cómo contrarrestar tendencias de marketing de estas organizaciones. Se apropiaron del verde y nosotros nos cambiamos al naranja, y no es mal cambio. Como color representa entusiasmo y generosidad. Los eco-verdes y progresistas de esto no entienden. Igualmente, se adjudicaron exclusivas competencias en la defensa de la naturaleza, los océanos, el calentamiento global o la lista del LESPRE, que hay que ver qué reacciones provoca en las cabecitas de algunos y en su lucidez mental tanto progresismo y ecología. En mi círculo de amigos, no siempre cazadores, encuentro opciones políticas de todo tipo en intención de voto, aunque ya sabemos que en este país muchas de las opciones son influenciadas de nacimiento, tendencia que muchos tienen por vida sin saber explicarse. Incluso dicen no entender a sus líderes y sus tendencias dictatoriales y, aun así, los votan. No sé qué cataclismo debería ocurrir para que una gran cantidad de votantes cambiara su intención y diera el apoyo a otros representantes que trabajen por el ciudadano, por encima de cualquier otra posible casuística.
A los cazadores nos han colgado diversas etiquetas y calificativos de una gravedad imposible de aceptar. Precisamente porque todos los partidos del ámbito verde, siempre, han inculcado a sus acólitos el odio radical y el enfrentamiento, pretendiendo anularnos mediante prohibiciones radicales en todas nuestras actividades. Esto en sociedades democráticas maduras produce muchas veces un resultado contrario al pretendido. Los verdes nunca han aceptado ni de cazadores ni del sector primario colaboración. Han intervenido como elefantes en una cacharrería, que no es precisamente lo que necesitan personas que viven en la tierra y por la tierra. Ellos sí son dueños y guardianes de los territorios y del medio ambiente. Por tanto, las soluciones deben partir de sus propias organizaciones y nunca admitirán que les vengan a ordenar en su casa.
Un consejo a todos los verdes: dejen de criminalizar a todo el sector primario. El ecologismo debe admitir que muchos residentes en el mundo rural y otras personas, como los cazadores, están haciendo muy bien el trabajo de custodia del territorio, que son imprescindibles en el sector alimentario y que si quieren cambiar radicalmente la vida de estas personas primero ofrezcan colaboración desde el aprendizaje básico, sin ofrecer condiciones alternativas que no pretendan condenar a la ruina a quien caiga bajo su punto de mira. Que no ignoren el efecto dominó: una ficha arrastra a la caída a todas las demás.
Felipe Vegue. Presidente de ARRECAL y de la Oficina Nacional de la Caza (ONC)
Artículo publicado en la revista Jara y Sedal