Hay veces que los rehaleros no paran de hacerse cruces, sobre todo en ciertos momentos de locura política cuando esos mendas, sintiéndose fuertes, no piensan en otra cosa que no sea fastidiar al prójimo; y si somos alguno de los colectivos de esto que se llama sector primario, pues con más ganas, acusándonos de perversiones que sólo ellos entienden ¿quizás por padecerlas en sus aburridas vidas? El rehalero y su mundo es un pequeño universo de locura donde el esfuerzo enmienda los errores que puedan cometer, un estado lleno de interrogaciones sobre lo que se desea y se puede conseguir, un pulso entre lo visible y lo invisible, una vida sin orden en lo personal entre idas y venidas a la perrera, al monte, a la montería y a su propia vida.
Hay ocasiones en que cualquier actividad puede quedarte inmóvil un tiempo y dedicarlo a vislumbrar el futuro. Otras, a buscar un equilibrio entre lo que queremos y lo que recibimos. Pero el rehalero está hecho de otra pasta. En este colectivo, entre intolerantes, conservacionistas y políticos que venden la burra a varios al mismo tiempo que dejan sin soluciones, sin respuesta hacia el futuro, a personas más necesitadas que nunca de comprensión y apoyo, por mucho que nos esforzamos, no logramos entender ni los argumentos ni las razones de unos pocos fanáticos que gozan teniendo tan tensionado a este sector. Estamos acostumbrados a escuchar argumentos y falacias de personajillos mediocres que se pasan el día de oficina en oficina presuponiendo cosas carentes de sentido y de contenido. Una absurda burla de lo que debería ser democrático, sin respetar argumentos del contrario y siempre intoxicando y anunciando medidas que no les corresponde tomar, propias de talibanes.
Debemos ser conscientes de que antes de que se apruebe una ley todos juntos tenemos que batallar. El pasado nunca cambia y recuerdo que por muchas ganas, deseos o antojos que hemos demostrado en otras ocasiones, por muchos votos cambiados de partido, en materia cinegética nunca, nadie, ha cambiado una coma de lo aprobado que no fuera para endurecer y limitar aún más nuestra actividad. La ley de protección animal nos trajo unidad, el 20M, pero también después de la manifestación y lo conseguido, relajación en todo tipo de entidades y, quizás, no nos estamos dando cuenta que todo sigue igual: una lucha constante contra los mismos, sólo que ahora están un poco más rabiosos y siguen en el empeño de siempre. Por si esto fuera poco, el borrador del texto legal del sistema de Registro para la Protección Animal —SICERPA, como ya he dicho una y mil veces—, deja en manos del anticaza nuestros datos personales y los de nuestros perros.
¿Por qué debemos consentir que un ecoterrorista maneje nuestros datos y con qué fin? Como, además, serán ellos los encargados de las estadísticas de abandono y adopciones, ¿esas garantías aportarán a su sólo parte animalista? ¿Y qué dicen de lo que prepara la Comisión Europea al escribir unas líneas en cuanto al bienestar de las mascotas? Obligaciones en transporte y vivienda sólo al alcance de las posibilidades de un jeque árabe ‘perrigratis’ con más derechos, protección y categoría que un real infante.
Nadie puede saber cuánto es capaz de soportar un rehalero. Menos mal que aún quedamos entidades que nos agrupamos para formar un solo frente. ARRECAL, AER y RFEC nos oponemos y trabajamos unidos frente al disparate que desde Europa funcionarios contaminados por el buenismo animal nos quieren imponer. Repito, septiembre habrá sido un mes clave. Veremos este invierno con cuántas nuevas disposiciones salen y si son capaces de hacerlas cumplir.
Felipe Vegue. Presidente de ARRECAL y de la Oficina Nacional de la Caza (ONC)
Artículo publicado en la revista Jara y Sedal