Con Teresa Ribera ejerciendo su nuevo cargo de vicepresidenta ejecutiva para una Transición Limpia, Justa y Competitiva de la Comisión Europea esto puede equivaler a una sentencia de muerte para muchas modalidades de caza en España. La prohibición total de la actividad cinegética en nuestro país es su obsesión, como así ha demostrado en todos sus cargos públicos. Yo, que soy de los que opinan que a ciertas edades cambiar de opinión se torna casi imposible, debo mantener una pequeña ventana a la esperanza después de comprobar cómo en ocasiones, y por intereses personales, ciertas actitudes pueden dar un giro radical, caso al que nos tiene acostumbrado Pedro Sánchez y su gobierno, algo que practican con cierta frecuencia por «exigencias de socios, intereses y cargos».

Ribera nunca ha escondido su rechazo al toro y la caza, y menos mal que no nos echa la culpa de los sucesos de Valencia. Es costumbre entre ciertos dirigentes escudarse en la teoría del cambio climático. Ribera tiene mucha responsabilidad en esta catástrofe, como anterior ministra de Transición Ecológica, por exigir y conseguir implantar medidas prohibitivas sobre prácticas de control de cauces y aludes que podrían haber solucionado en parte episodios climáticos extremos como esta dana. Renunciar a su pragmatismo e imposición de ideario en lo más personal se torna un tanto difícil, y ya conocemos a su jefa Ursula von der Leyen cómo trata temas de ecología y agricultura y cómo esta forma de hacer política la estamos sufriendo los países mediterráneos.

Si colocar en un cargo tan relevante a una compatriota me debería llenar de orgullo y esperanza, me ocurre todo lo contrario. Una transición rápida y limpia, como exigen quienes mandan en Europa, hacia la descarbonización me llena de preocupación. La industria puede cerrar fábricas y eliminar empleos, y no creo que España consiga, con su flamante puesto de comisaria, nuevas ayudas y medidas en favor de ninguna de estas dos actividades. Y menos debemos esperar que trabajen y escuchen a los distintos sectores implicados para que estas redunden en beneficio de las comunidades menos favorecidas en un medio urbano y rural sostenible.

Las primeras declaraciones en su cargo han girado en torno al Pacto Verde Europeo, que pondrá, qué duda cabe, al sector rural en pie de guerra. Se esperan fatales consecuencias para el sector primario, ya que su primera premisa son objetivos que sólo se pueden lograr por la disminución del carbono y abandono de prácticas agrícolas-ganaderas. Además, defendió la puesta en marcha de prácticas competenciales que sólo favorecen a otros países que no se preocupan en exceso en cumplir medidas de control como son los países de Mercosur, a los que recientemente la Unión Europea les acaba de otorgar trato de favor. Mal muy mal les puede pintar a autonomías de gran arraigo en estas materias como son Extremadura y Castilla La Mancha. Seguro que estas saldrán perjudicadas y perderán, por este motivo, fondos, posibles ayudas y mercados en nuestro continente.

La importancia de la legislación europea, en su vertiente económica y medioambiental, es de fuerte calado en nuestras regiones más necesitadas. En ellas, la existencia de territorios con distintas medidas de protección es la justificación de malos políticos influidos en decisiones ambientales por ideología, tendencias y organizaciones que nunca reconocerán errores en gestión en dichos territorios. En Europa las posiciones radicales de los verdes tienen mucho recorrido, más que en los Estados miembros. La cobardía de políticos de tendencias moderadas y conservadoras no frenan la agresividad de los extremos. Nadie parece torcer los propósitos y la ambición de ciertas políticas que se posicionan con obcecación en planteamientos sin reflexión que se pretenden metafísicos.

La caza necesita disponer de una representación fuerte en Bruselas que atienda nuestros problemas y que sea visible, enérgica y resolutiva en comisiones. No sé si FACE es el mejor órgano para ello, le falta comunicación y tiene poca representatividad, me parece, y creo que refleja muy poco lo que necesitamos los cazadores españoles. No veo motivo alguno para el optimismo después de los palos que hemos recibido de Bruselas estos últimos años en forma de moratorias y prohibiciones. Es más necesario que nunca derrochar energía y disponer de medios para hacer frente a las ideologías que imperan en el Parlamento Europeo.

Felipe Vegue. Presidente de ARRECAL y de la Oficina Nacional de la Caza (ONC)

Artículo publicado en la revista Jara y Sedal

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