Muchos tenemos la impresión de que la sociedad actual adolece de una carencia de valores. Cazadores de cierta edad asistimos a una creciente ausencia de estos por culpa del desarrollo de la tecnología aplicada a la venatoria, la caza con tantas y tan novedosas formas de lograr la pieza con los usos de ciertos artilugios tecnológicos que, por mucho pese a algunos, nos alejan más y más de la ética, la tradición y la cultura que tantos mentamos cuando de defendernos a nosotros y la propia actividad cinegética se trata.
La tecnología es buena cuando facilita la vida y lo contrario cuando lleva a cometer actos que con la educación y valores que tenemos inculcados nos obliga a buscar argumentos como disculpa para justificar su uso. Los cazadores, sobre todo los veteranos, estamos en un dilema entre el uso de las nuevas tecnologías provenientes de la industria bélica y que tan poco aportan a nuestros valores. Si nos dejamos llevar siento que es como nos desvanecernos en la sinrazón y perderemos la disciplina tan arraigada a nuestra práctica adquirida en tantos años, comprobando cómo se solivianta, y de qué modo, nuestro mundo, nuestros métodos y nuestra doctrina. Si bien es cierto que esta tecnología armamentística ante situaciones excepcionales de control poblacional puede ser un aliado eficaz, no entiendo su uso para la caza como actividad lúdico-deportiva.
No debemos olvidar nuestra propia razón de ser y los miles de años de práctica responsable. No debería ser este un discurso pesimista. Por tanto, ante tanta técnica apabullante, ¿acaso no es mejor descubrir nuestros límites como lo hacen los propios animales que cazamos en su hábitat? No vale la pena la disculpa frente al uso y abuso de ciertos artilugios que sabemos se están empleando de muy pocos años hasta hoy. Cada nueva generación de cazadores tiene la obligación de ser mejor que la anterior y autolimitarse. De nada nos sirve pensar que una generación, por experiencia, es mejor que la siguiente, aunque esté mejor preparada si olvida dónde está la frontera entre el bien y el mal y por tanto pierde el oremus. No podemos perder nuestra visión ancestral con la naturaleza.
Los animales están soliviantados por nuestro celo y cuidado que se les dispensa. ¿Quién no ha tratado entre colegas la preocupación existente por los hechos que salen a la luz y de los que conocemos sólo una pequeña parte, de la delincuencia que sufren nuestros cotos apoyados en malas artes? La desvergüenza en la red es un hecho hiriente carente de ningún valor, con cientos de imágenes y publicaciones carentes de toda ética.
Sólo son presuntuosos cargados de vanidad fotografiándose con animales abatidos con la ayuda de artilugios de toda condición, aun estando prohibidos en la mayoría de las modalidades y autonomías. Para comprobarlo basta con gastar un poco de tiempo en los distintos portales y darse cuenta del alcance real y de la situación que se está produciendo. Dicho lo cual, me pregunto si no estamos siendo egoístas y perdiendo nuestros valores.
Somos un país dividido en todos los asuntos: política, toros, fútbol y, cómo no, en estos temas también. Habrá quien defienda sus intereses, unos la comercialización y venta, otros que si el uso responsable y la adaptación a las nuevas tecnologías, pero… ¿y los animales? Estos han tardado miles de años en encontrar adaptaciones para su supervivencia, por lo que es necesaria la figura del legislador para poner orden.
Otra cosa es que acierte y contente a todos. Lo fácil es prohibir y prohibir. Si esta sociedad está perdiendo sus principios morales toca realizar un análisis exhaustivo y la obligación a una formación especializada para valorar técnicamente la necesidad de usar y la disposición necesaria para aceptar nuevos métodos. No es necesaria la ayuda de tanto opinador como existe ante los nuevos retos tecnológicos. Necesitamos, por tanto, un hilo legislativo alejado de personalismos autonomistas. Si no, este tema se puede convertir en una gran y enmarañada madeja de la que sólo unos pocos sacarán provecho.
Felipe Vegue. Presidente de ARRECAL y de la Oficina Nacional de la Caza (ONC)
Artículo publicado en la revista Jara y Sedal