No hay raza más antigua en el mundo ni tan diferente en capas, pelos y tamaños. De ella se han encontrado infinidad de escenas, desde muros con pinturas rupestres a tumbas faraónicas y arte griego y romano. Se puede decir que los troncos mediterráneos poseen al menos una antigüedad de 6.000 años y que muchas de sus castas fueron ampliamente distribuidas por pueblos del mar, como el fenicio, allí donde llegaban con sus mercancías. Podenco es un nombre que hace honor a su mejor característica: podokes, en griego, de podos, veloz y ligero de pies. En nuestra lengua aparece en los primeros escritos en romance, como podenco a secas (Fuero de Baeza), podenco perdiguero o codornigero (fuero Viejo de Castilla) y podenco de conejos (Fuero de Zorita de los Canes). También se le cita como perro rastreador en la Ochava esfera de Alfonso X El Sabio (1276): «Los unos canes deben sacar por rastro toda animalia que anda sobre tierra, ét éstos, son los podencos et los sabuesos, que saben mejor facer esto que otros canes>>.

Aparecen multitud de reseñas en muchos y diferentes libros como el Libro del Buen Amor (1330-1343), de Juan Ruiz Arcipreste de Hita, en el Libro de la caza de aves (1386), de Pero López de Ayala… hasta llegar a Diálogos de Montería (1574-1580), de Luis Barahona de Soto. En esta obra se realiza la mejor descripción de las cualidades del podenco que le hace ser inmejorable en el concurso dentro de la rehala gracias a la selección natural que se ha efectuado por nuestros criadores, respetando a la raza en sus cualidades aunque aumentando su tamaño y dicha para enfrentar a las reses en montería: «En el buen podenco deben concurrir cinco partes principales: que halle y rehalle y quite y traiga y llame de morada; que halle mucha caza por su gran diligencia de pies y viento y codicia; rehalle, porque si la perdiere por ser el monte alto y espeso, la torne á hallar mu- chas veces hasta encerralla; que quite á otros cualesquier perros en cuya compañía se hallare y la traiga al cazador de noche y de día, y aun á casa si él se saliere solo á caza como suele suceder muchas veces; y llame de morada, porque en verano suelen muchas veces estar los conejos cerrados todo el día en los vivares frescos por el calor del sol y otras por falta de monte, y el perro que no lo hace cánsase de andar buscando todo el día y no puede topar ninguno; hállanse estas partes en perros bermejos ó cereños, de largas orejas y cola roscada, y el rostro crescido, descarnados y abiertos de detrás y de delante, y además de media edad, porque entonces suelen correr con tanta destreza, que casi no se menean, y con esto cierran mejor el conejo porque le siguen con más certeza en el viento».

Como perro de rehala para la caza mayor lo presenta Martínez del Espinar en Arte de ballestería y Montería (1644): «Repartenlos en tres, ò quatro puestos, con cada quadrilla de sabuesos un lebrel, ò dos, que con media dozena de lebreles tiene harto una monteria: los demás han de ser sabuesos, y podencos, que estos son muy ágiles, y grandes mordedores, y en estando bien cebados, son muy buenos». Y también Juan Mateos en Origen y Dignidad de la Caza (1634): «Para la caça de la Monteria se han de juntar treinta perros Conejeros, de dos años arriva, y de los mas desenvueltos que se hallaren: asimismo quatro Alanos, y dos Lebreles (…)». Antonio Covars no oculta sus preferencias por esta raza para la caza mayor Lógicamente debía de tener un contacto muy personal con esto canes y ya en las Narraciones de un Montero (1898) comenta «(…) el rey de los perros de la montería es siempre y será en la caza mayor el podenco. Valiente en la lucha, incansable para l fatiga, duro, obediente y ágil como una ardilla, noble y leal par su amor; reúne todas las buenas condiciones de un magnífico perro para la caza mayor». Seguidamente le pone una tacha «Sólo tienen una desventaja estos perros, y consiste en que es muy raro el podenco que persigue y muerde la caza mayor con la insistencia debida, antes de la edad de dos años, y en que tardan mucho más en cebarse que un perro de cualquier otra raza, por su excesiva afición a los conejos (…)».

También como de caza mayor lo tienen Abel Chapman Walter J. Buck, que en la somera explicación del «sistema de montería tal como se practica a través de toda España», contenida en La España inexplorada (1901), escriben: «Los mejores perros son los podencos de las castas de mayor tamaño, y también los cruces de podencos y mastín, y de mastín y alano (…)». Parece por tanto que el podenco, como perro de rehala y mucho más puede definirse como cada cual pretenda. Es un todoterreno con corazón valiente y con buena boca en todos los sentidos, resiste, rústico y adaptado a nuestra especial geografía y clima. Un buen podenco no tiene precio y ofrece de forma notable todo tipo de respuestas a todo tipo de caza, especialmente en nuestras rehalas. Se puede afirmar, por tanto, que sin podencos no hay montería.

Felipe Vegue. Presidente de ARRECAL y de la Oficina Nacional de la Caza (ONC)

Artículo publicado en la revista Jara y Sedal